MÍRATE AL ESPEJO Y DIME CÓMO TE VES

Desde que nacemos nos educan para gustar, para ser amados y ser apreciados por cualidades que la sociedad valora como positivas y que difieren mucho según el sexo. Prácticamente a los dos años ya somos capaces de reconocernos ante el espejo y empezamos a aprender las conductas por las que seremos valorados y las que no. Lo que se espera según nuestro sexo y lo que no. Y esto lo va imponiendo la sociedad y los cánones de belleza pero también nuestra familia, nuestros amigos… Venimos programados de serie para cumplir con las expectativas de los demás y para acercarnos lo máximo posible a nuestros ideales, que normalmente se alejan de la realidad.

Nuestro cuerpo, nuestro templo

A diario estamos expuestos a redes sociales, dónde obtenemos el modelo de cuerpo perfecto. Vamos interiorizando esos modelos y nos comparamos con estos ideales de belleza tan inalcanzables. De las chicas se espera que sean cada vez más esbeltas, más estilizadas, siempre arregladas, siempre perfectas. De los chicos que sean musculosos, fuertes y poderosos. ¿Pero qué pasa si no damos la talla? ¿O si no estamos de acuerdo con los cánones de belleza que marca la sociedad según el género? Insatisfacción personal, baja autoestima, ansiedad o depresión están a la orden del día en estos nuevos tiempos donde la belleza es tendencia.

Autoimagen, ¿eres lo que ves?

Nuestra imagen corporal no es sólo el reflejo de lo que vemos en el espejo. Nuestra autoimagen, de acuerdo con Rosen (1992), depende 3 componentes:
Nuestra percepción: Cómo percibimos nuestro cuerpo y cada una de sus partes (si sobreestimamos o subestimamos algunas de sus dimensiones. Ej: ver que tenemos unas caderas enormes o unos ojos pequeños.
Nuestra experiencia subjetiva: Pensamientos y sentimientos que formamos dependiendo de cómo percibamos nuestro cuerpo (insatisfacción, preocupación o ansiedad…). Ej: «Me gustaría ser como mis amigas. Con esta cara y este cuerpo nunca nadie se va a fijar en mí».
Conductas que llevamos a cabo en relación a cómo valoramos nuestro cuerpo (conductas de exhibición, de ocultar ciertas partes de nuestro cuerpo, dejar de vestir ciertas prendas para disimular ciertos defectos o dejar de asistir a ciertas reuniones sociales por miedo a no gustar,…).

En resumidas cuentas, mucho más importante de lo que los demás nos digan, es cómo uno se vea, piense, sienta y se comporte respecto a su imagen.

Cuerpo y autoestima

Los estudios confirman que al menos un tercio de nuestra autoestima depende de lo positiva o negativa que sea nuestra imagen corporal. Tener o no una buena imagen de nuestro cuerpo influirá en cómo nos comportemos, cómo nos sintamos y cómo nos relacionemos con los demás. Si no te gusta lo que ves, tal vez no intentes iniciar una nueva amistad por el miedo a sentirte rechazado o por la frustración que te genera el hecho de compararte con otras personas.

Cuando nuestros defectos nos condicionan

Cuando el tiempo que dedicamos a observarnos, compararnos y a hacer esfuerzos por ocultar nuestros defectos, pasa a ser el centro de nuestra vida, hablaríamos de un trastorno de la imagen corporal, también conocido como Trastorno Dismórfico (miedo a la forma de nuestro cuerpo).

El camino a sentirte bien en tu propio cuerpo

El camino hacia restablecer una imagen corporal positiva no implica hacer cambios encaminados a solucionar ese defecto con dietas, cirugías o ejercicio físico. El camino por sentirte bien en el cuerpo que habitas comienza por entender el concepto de imagen corporal, analizar todas las distorsiones cognitivas que se encuentran en la base de ese malestar y exponerse a todas las situaciones que generan malestar o ansiedad en relación al cuerpo.

La terapia cognitiva-conductual es clave para poder superarlo

Se trataría de ver tu cuerpo desde otros ojos, validarlo y reconciliarte con él para hacer de tu cuerpo un lugar seguro. Mirarte al espejo y pensar: «Tal vez no seré perfecto pero no seré tan imperfecto».

«La vida sólo es soportable cuando el cuerpo y el alma viven en perfecta armonía, existe un equilibrio natural entre ambos y se respetan recíprocamente». – David Herbet

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